Catálisis de la información, de la conducta y del pensamiento
“Por los tenebrosos rincones de mi
cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi
fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para
poderse presentar decentes en la escena del mundo”, Gustavo Adolfo Bécquer.
Cada vez que trabajo en una tarea de mercadeo, de
publicidad o de comunicaciones retumba en mi mente el adagio popular que dice,
“vísteme despacio que voy de prisa”. ¿Llevo prisa o me llevan de prisa, o
siempre nos han llevado de prisa?
Haciendo un breve y no muy lejano recuento de nuestra
historia como sociedad es evidente de cómo ha ido aumentando nuestra prisa.
Cuando hicimos la transición de lo agrario a lo industrial tuvimos que con
mucha prisa cambiar nuestra vida, conceptos y estructuras de pensamiento. Y
comenzó el desequilibrio entre las estructuras mentales y los avances
tecnológicos, producto de la vertiginosa transformación del modelo económico, de
producción, social, educativo y moral.
Los cambios en el mundo físico iban demasiado rápido y el
ser humano en su mundo mental y espiritual iba mucho más lento. No le daba
alcance a lo que pasaba fuera de él. Eso creaba trastornos y sicosis, tanto
individuales como colectivas.
Y en el caminar y avanzar de la humanidad llegamos al
éxtasis de la informática, de la digitalización y del mundo virtual. ¡Y aquí es
donde se nos fue la guagua!
Ahora los cambios
originados por estos avances e invenciones nos superan. Son estrepitosamente
rápidos para ser entendidos. No entendemos lo que experimentamos, nuestra
sensorialidad está anquilosada, perdimos el balance, tenemos vértigo cognitivo.
Los cambios en los patrones de conducta, en los conceptos
y en las estructuras del pensamiento del ser humano son radicales, caóticos y
desordenados.
No bien empezamos a conocer algo, a tratar de
familiarizarnos y a entenderlo, se transforma o nos llega algo nuevo. Lo actual
es obsoleto y caduco tan pronto lo conozco. El hoy es ayer en mi presente. La
tecnología evoluciona y avanza, pero no el ser humano. Al contrario, eso mismos
avances no obran para él, lo aplastan y lo oprimen. El mundo se le fue en
escapada y él se quedó atrás. ¡La sicosis y el desequilibrio es la orden del
día!
Y ahora, cómo nos podemos comunicar con ese ser humano en
nuestros esfuerzos de mercadeo y de publicidad. Cómo podemos hablar, cómo
podemos interactuar, cómo lo involucramos, cómo hacemos que participe. Cómo
creamos relaciones y experiencias memorables, cómo creamos comunidades
afectivas alrededor de nuestras empresas, productos y servicios. Cómo
construimos marcas, cómo desarrollamos lealtades y compromisos.
Cómo piensan los consumidores, qué subyace en su mente
inconsciente, qué precipita los cambios de conducta, cómo expresan sus pensamientos.
Por estas y muchas otras razones es que constantemente
estamos buscando y creando puntos de contacto con las personas. Para poder
descifrarlos y comunicarnos con ellos. Las plataformas digitales son un campo
fecundo para esta creación: internet, blogs, correo electrónico, portales de
internet, micro-portales, agentes de servicio virtuales, aplicaciones móviles,
telefonía móvil, redes sociales, videos digitales, micro-videos, infográficas,
y muchas más.
Pero cada vez que producimos, inventamos y creamos un
nuevo punto de contacto seguimos abonando y aportando al estremecimiento de las
estructuras mentales de las personas. Porque seguimos inyectando energía a la
catálisis de la información, de la conducta y del pensamiento. Pusimos el pie
en el acelerador y ya no podemos retirarlo. Abrimos la caja de las tempestades.
El ser humano tiene el mundo a su alcance con el toque de una tecla. El mundo
con sus bienes y con sus males, de manera precipitada e inmediata.
Y esta realidad hace que nuestra búsqueda y la travesía
que tenemos que realizar para conocer y entender a este ser humano sea
interminable. Y para estos estudios tenemos que recurrir a varias disciplinas,
o sea, esto es un estudio interdisciplinario. Aquí debemos reunir a la
neurociencia, la antropología, la sicología, la sociología, la lingüística, la
filosofía, la literatura, la ciencia cognitiva, y otras más. Y solo así,
podremos entendernos para podernos comunicar e interactuar, pues nos hemos
convertidos en seres múltiples y complejos.
Que nos disecamos para estudiarnos
pero no unimos de nuevo las partes para comunicarnos.
En esta reflexión comencé citando a Bécquer y concluyo
con un pensamiento de T. S. Eliot, que bien describe esta aventura:
“No dejaremos de explorar,
y el final de la
exploración será,
llegar al punto de partida,
y conocer el sitio por primera vez”.
Sales Talk!!!
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