Wednesday, August 6, 2014

Catálisis de la información, de la conducta y del pensamiento

“Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo”, Gustavo Adolfo Bécquer.

Cada vez que trabajo en una tarea de mercadeo, de publicidad o de comunicaciones retumba en mi mente el adagio popular que dice, “vísteme despacio que voy de prisa”. ¿Llevo prisa o me llevan de prisa, o siempre nos han llevado de prisa?

Haciendo un breve y no muy lejano recuento de nuestra historia como sociedad es evidente de cómo ha ido aumentando nuestra prisa. Cuando hicimos la transición de lo agrario a lo industrial tuvimos que con mucha prisa cambiar nuestra vida, conceptos y estructuras de pensamiento. Y comenzó el desequilibrio entre las estructuras mentales y los avances tecnológicos, producto de la vertiginosa transformación del modelo económico, de producción, social, educativo y moral.

Los cambios en el mundo físico iban demasiado rápido y el ser humano en su mundo mental y espiritual iba mucho más lento. No le daba alcance a lo que pasaba fuera de él. Eso creaba trastornos y sicosis, tanto individuales como colectivas.

Y en el caminar y avanzar de la humanidad llegamos al éxtasis de la informática, de la digitalización y del mundo virtual. ¡Y aquí es donde se nos fue la guagua!

 Ahora los cambios originados por estos avances e invenciones nos superan. Son estrepitosamente rápidos para ser entendidos. No entendemos lo que experimentamos, nuestra sensorialidad está anquilosada, perdimos el balance, tenemos vértigo cognitivo.

Los cambios en los patrones de conducta, en los conceptos y en las estructuras del pensamiento del ser humano son radicales, caóticos y desordenados.

No bien empezamos a conocer algo, a tratar de familiarizarnos y a entenderlo, se transforma o nos llega algo nuevo. Lo actual es obsoleto y caduco tan pronto lo conozco. El hoy es ayer en mi presente. La tecnología evoluciona y avanza, pero no el ser humano. Al contrario, eso mismos avances no obran para él, lo aplastan y lo oprimen. El mundo se le fue en escapada y él se quedó atrás. ¡La sicosis y el desequilibrio es la orden del día!

Y ahora, cómo nos podemos comunicar con ese ser humano en nuestros esfuerzos de mercadeo y de publicidad. Cómo podemos hablar, cómo podemos interactuar, cómo lo involucramos, cómo hacemos que participe. Cómo creamos relaciones y experiencias memorables, cómo creamos comunidades afectivas alrededor de nuestras empresas, productos y servicios. Cómo construimos marcas, cómo desarrollamos lealtades y compromisos.

Cómo piensan los consumidores, qué subyace en su mente inconsciente, qué precipita los cambios de conducta, cómo expresan sus pensamientos.

Por estas y muchas otras razones es que constantemente estamos buscando y creando puntos de contacto con las personas. Para poder descifrarlos y comunicarnos con ellos. Las plataformas digitales son un campo fecundo para esta creación: internet, blogs, correo electrónico, portales de internet, micro-portales, agentes de servicio virtuales, aplicaciones móviles, telefonía móvil, redes sociales, videos digitales, micro-videos, infográficas, y muchas más.

Pero cada vez que producimos, inventamos y creamos un nuevo punto de contacto seguimos abonando y aportando al estremecimiento de las estructuras mentales de las personas. Porque seguimos inyectando energía a la catálisis de la información, de la conducta y del pensamiento. Pusimos el pie en el acelerador y ya no podemos retirarlo. Abrimos la caja de las tempestades. El ser humano tiene el mundo a su alcance con el toque de una tecla. El mundo con sus bienes y con sus males, de manera precipitada e inmediata.

Y esta realidad hace que nuestra búsqueda y la travesía que tenemos que realizar para conocer y entender a este ser humano sea interminable. Y para estos estudios tenemos que recurrir a varias disciplinas, o sea, esto es un estudio interdisciplinario. Aquí debemos reunir a la neurociencia, la antropología, la sicología, la sociología, la lingüística, la filosofía, la literatura, la ciencia cognitiva, y otras más. Y solo así, podremos entendernos para podernos comunicar e interactuar, pues nos hemos convertidos en seres múltiples y complejos. 

Que nos disecamos para estudiarnos pero no unimos de nuevo las partes para comunicarnos.

En esta reflexión comencé citando a Bécquer y concluyo con un pensamiento de T. S. Eliot, que bien describe esta aventura:

“No dejaremos de explorar,
y el final de la exploración será,
llegar al punto de partida,
y conocer el sitio por primera vez”.


Sales Talk!!!

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